Deslumbrante actuación para Mozarteum
Sir András Schiff brilló en el Colón
Teatro Colón
Lunes 14 de Septiembre
Escribe: Graciela Morgenstern
Fotografias: Liliana Morsia. Gentileza Mozarteum Argentino
Sir András Schiff, piano.
Programa:
Johann Sebastian Bach:
- Aria de las Variaciones Goldberg, BWV 988
- Capriccio sobre la partida del hermano amado, BWV 992
Wolfgang Mozart:
- Sonata n.° 17 en si bemol mayor, K. 570: I. Allegro II. Adagio III. Allegretto
Johann Sebastian Bach:
- Suite francesa n.° 5 en sol mayor, BWV 816: Allemande - Courante – Sarabande – Gavotte – Bourrée – Loure - Gigue
Wolfgang Mozart:
- «Kleine Gigue» en sol mayor, K. 574
Johann Sebastian Bach:
- «Ricercare a 3» de La ofrenda musical, BWV 1079
Wolfgang Mozart:
- Fantasía en do menor, K. 574
Johann Sebastian Bach:
- Concierto italiano» en fa mayor, BWV 971: I.Sin indicación de tempo II.Andante III.Presto
Joseph Haydn:
- Andante con variaciones en fa menor, Hob.XVII:6
Ludwig van Beethoven:
- Sonata n.° 32 en do menor, op.111: I.Maestoso. Allegro con brio ed appassionato II.Arietta: Adagio molto semplice e cantabile
Como continuación de la temporada de Mozarteum Argentino, Sir András Schiff fue protagonista, durante más de tres horas, de una deslumbrante actuación, caracterizada, además de su perfección técnica indiscutible, por la pureza sonora y exquisita musicalidad.
Como ya es común en sus recitales, no hubo anuncio previo del programa. “Confecciono el programa al llegar a la sala, después de conocer la acústica y probar el piano”. Entonces anunció e ilustró cada obra y la razón de su inclusión en el recital.
En la primera parte, el pianista húngaro anunció que exploraría la relación entre Bach y Mozart. Y durante aproximadamente una hora y media, encaró obras de estos compositores, comenzando con Aria de las Variaciones Goldberg, BWV 988, de Bach e intercalando obras de uno y otro compositor, todas ellas vertidas con pureza de estilo, gran precisión y sonoridades transparentes. Tuvo como características principales. Sin recurrir a la gestualidad excesiva, interpretó esta parte con una sobriedad y maestría que produjo el “encantamieno” del público.
En la segunda parte del programa, incluyó Andante con variaciones en fa menor, Hob.XVII:6, de Joseph Haydn y la Sonata n.° 32 en do menor, op.111, de Beethoven, en ese orden, una seguida a la otra, como si la segunda fuera la continuación de la primera. Respetuoso de las diferencias estilísticas, abordó las sutilezas, los trinos y los fragmentos más enérgicos con una perfección que sin embargo, nunca llegó al desborde.
Ante el clamor de un público enardecido, generosamente, ofreció seis obras fuera de programa: Impromptu en la bemol mayor, op. 90 n.° 4, de Franz Schubert; Vals en la menor, op. 34 n.° 2, de Fréderic Chopin; Sonata n.° 16 en do mayor, K.545 I. Allegro, de Wolfgang Mozart, Impromptu en mi bemol mayor, D. 899 n.°2, de Franz Schubert, « Danza del porquero» de Para los niños, segundo volumen, de Béla Bartók, para terminar con «El campesino alegre que regresa del trabajo», del Álbum para la juventud, op. 68 n.°10, de Robert Schumann. Una velada excepcional.
CALIFICACIÓN: EXCELENTE




