Buena versión de una obra ausente por más de medio siglo
"I Capuleti e i Montecchi"
Jueves 25 de junio de 2026
Teatro Colón
Escribe: Graciela Morgenstern
“I Capuleti e i Montecchi”, de Vincenzo Bellini.
Libreto: Felice Romani
Elenco: Yaritza Véliz, Silvia Tró Santafé, Ioan Hotea, Nicola Ulivieri y Fabrizio Beggi.
Coro Estable del Teatro Colón. Director: Miguel Martínez
Orquesta Estable del Teatro Colón
Escenografía: Gonzalo Córdova Estévez
Vestuario: Emilia Tambutti
Iluminación: David Seldes
Dirección de escena: Pablo Maritano
Dirección musical: Evelino Pidó
Tras más de medio siglo de ausencia, el Teatro Colón repuso “I Capuleti e I Montecchi”, en una buena versión.
El libreto de Felice Romani sólo comparte con “Romeo y Julieta”, de Shakespeare elementos tales como un par de desencuentros amorosos, una poción que simula la muerte, y mucha sangre inútilmente derramada. Pero la versión de Bellini está inspirada en fuentes italianas y el compositor integró a la partitura varias arias que él había compuesto para su ópera anterior, “Zaira”, que había sido un fracaso y que consideró, no había sido apreciada lo suficiente. Trabajando bajo una gran presión, el Bellini completó esta ópera en un tiempo record de seis semanas, para estrenarla en 1830, en el Teatro La Fenice, de Venecia.
Encabezando el elenco de solistas, la mezzo Silvia Tró Santafé como Romeo realizó una convincente actuación, exhibiendo sentimientos profundos en la faz actoral y eficacia, a pesar de una emisión despareja, con incipiente vibrato en algunos momentos.
El otro papel protagónico, el de Giulietta, fue encomendado a Yaritza Véliz, soprano chilena de timbre agradable y cristalino, que corre bien en la sala. Exhibió ductilidad vocal, pareció cómoda en la tesitura más alta y captó la melancolía del personaje.
El tenor Ioan Hotea de emisión entubada, realizó una interpretación correcta de Tebaldo. Completando el cuadro de cantantes, Nicola Ulivieri como Capellio y Fabrizio Beggi como Lorenzo realizaron una labor discreta.
Una óptima participación tuvo el Coro Estable, bajo la dirección de Miguel Martínez, cumpliendo una labor protagónica en esta obra.
El aspecto visual fue convencional en diseño, concentrándose en los personajes y sus a motivaciones. La escenografía de Gonzalo Córdova Estévez fue adecuada, mostrando una pared de fondo con una grieta que se abría a medida que la obra avanzaba, simbolizando las diferencias irreconciliables entre Güelfos y Gibelinos. El vestuario diseñado por Daniela Tambutti, fue de elaborada factura y resultó agradable, excepto por la vestimenta de Romeo, que rozó lo ridículo. La iluminación de David Seldes contribuyó al efecto general. La marcación escénica resultó verosímil y con buen manejo de masa coral y solistas.
Evelino Pidò dirigió la Orquesta Estable con precisión y energía, dando vitalidad a esta partitura. Ejecutada dentro de un marco de corrección y sin la participación de los divos que den realce a la obra, la función fue recibida con entusiasmo.
CALIFICACIÓN: BUENA

