Estreno en el Colón de una ópera de Oscar Strasnoy
UNA CREACIÓN LÍRICA AMBIVALENTE
Teatro Colón
Domingo 31 de mayo de 2026
Escribe: Carlos Ernesto Ure
Fotos: Juanjo Bruzza, Patricio Cortés, Teatro Colón
“Dementia”, ópera en tres cuadros y epílogo. con texto de Ariana Harwicz, y música de Oscar Strasnoy.
Con Florencia Burgardt, Daniela Tabernig, Mónica Ferracani, Sebastián Angulegui, Alejandro Spies, Víctor Torres y Milva Leoardi.
Iluminación de Matías Sendón.
Escenografía y vestuario de Mariana Tirantte.
“Régie” de Mariano Pensotti. Iván Rutkauskas, piano y Orquesta Estable del Teatro Colón (Tito Ceccherini).
En calidad de segundo título de la temporada lírica oficial, el Colón ofreció el domingo en condición de estreno absoluto la ópera “Dementia”, encargada por la anterior conducción de la misma casa al compatriota franco-argentino Oscar Stranoy, residente en Alemania desde hace muchos años. Como bien puede suponerse, había especial expectativa acerca de esta certera novedad, que se exhibió si se quiere con plexo bifronte, debido a una neta dicotomía entre su costado musical y el texto teatral.
Debilidad argumental
Nacida en Buenos Aires y afincada en Francia, Ariana Harwicz (48), escritora multipremiada, es autora de varias novelas de señalado éxito, que tuvieron reconocimiento internacional y fueron traducidas a muchos idiomas (la “Trilogía de la Pasión”). Pero tal vez la más importante es “Mátate, amor”, “best seller” en varios países, e incluso entre nosotros por bastante tiempo. Martin Scorsese y Lynne Ramsay la llevaron en su versión fílmica al Festival de Cannes, en 2025, con Jennifer Lawrence en el papel protagónico.
Sin embargo, y se lo debe decir, el libreto teatral en castellano que elaboró bajo el título de “Dementia”, también comisionado por el coliseo de la calle Libertad, no resulta logrado ni funcional para la escena lírica. Hiper intelectual, plagado de frases difíciles, envuelto en un enmarañado tejido psicológico y con más de un concepto abstruso, pareció más propio de una representación en un tinglado de prosa, con cierta intimidad y para un público selecto. A lo que cabe añadir su falta de “élan”, de impulso vital de cabo a rabo y la morosa movilidad de la acción. Se trata, en definitiva, de un texto literario complejo, de comprensión decididamente aguda, carente de llegada directa actor-espectador.
Alto vuelo
Por el contrario, en su faz sonora, la creación de Oscar Strasnoy lo reveló como un maestro en el arte de la composición. Dominador acabado de la orquestación, su música lució combinaciones de colores, timbres y efectos de llamativa originalidad (el orgánico incluye clave, gongs, saxofón, órgano Hammond y guitarra eléctrica con Ebow, un pequeño dispositivo que permite sostener el sonido de la cuerda y cambiar su cromatismo). El discurso de “Dementia” (¿están todos sus personajes para un instituto de alienados?) es siempre fluido, agradable, cuidadosamente alejado de estridencias y rupturas tonales (salvo en un vodevil final). Suave, pocas veces pasa de un “forte” moderado, se maneja dentro de límites armónicos dúctilmente vagos, y muestra trozos contrapuntísticos sabiamente armados. Al igual que líneas melódicas construidas sobre la base de breves células dinámicas, entrecortadas o ligadas, salpicadas en ocasiones por intervenciones algo más salientes de clarinetes, flautas, timbales. La partitura, plena de detalles, casi podría decirse que ingrávida, no incorpora prolongadas pausas, y contiene, además de citas mozartianas no demasiado perceptibles, cortos y bellos interludios.
Todo esto, claro está, sin poder superar la debilidad dramática del libreto, su incapacidad de transmitir emociones, de conmovernos. Los pentagramas, en fin, con atrayente pedestal rítmico, subrayan pero no guían, anticipan ni conducen (“me gustaría que funcione como una obra de teatro”, admitió el propio compositor).
Los intérpretes
“Dementia” se presentó en una secuencia única de cerca de una hora y tres cuartos de duración (desde ya demasiado extensa), y aparte del uso del “quasi parlato” (o simplemente hablado) y una ruta cantada indefinible, expuso diversos trozos en francés.
Figura del ámbito teatral de importante labor en el país y en el exterior, Mariano Pensotti (53, “regisseur interesado en el tiempo, la intensidad y la memoria”) plasmó una puesta muy bien aceitada, lo menos estática factible, cometido al que contribuyó en gran medida la excelente escenografía, realista, práctica (todo transcurre en la misma casa) diseñada por Mariana Tirantte, responsable igualmente de un vestuario sobrio, ello sin olvidar una acertada iluminación a cargo de Matías Sendón.
En el podio, el milanés Tito Ceccherini, especialista en repertorio contemporáneo, dirigió con pulcritud y seguridad y tiempos lentos a una impecable Orquesta Estable, mientras que en el cuadro vocal tanto las sopranos Florencia Burgardt, Daniela Tabernig y Mónica Ferracani, como los barítonos Sebastián Angulegui, Alejandro Spies y el consagrado Víctor Torres cumplieron con sus respectivas partes con singular eficacia musical y teatral, encarnando a las tres ( o una sola) parejas que despliegan su enredada existencia en distintas etapas de la vida.
Por su lado Iván Rutkauskas completó el elenco con un pulido acompañamiento pianístico.
Calificación: muy bueno
Carlos Ernesto Ure





