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“Aída” en el Argentino de La Plata

 

Teatro Argentino de La Plata,

Martes 23 de mayo de 2023.

 

Escribe: Osvaldo Andreoli.

Foto: Gui Genitti

 

 

VERSIÓN TRIUNFAL DE LA ÓPERA AÍDA DE GIUSEPPE VERDI.

 

Dirección musical: Carlos Vieu.

Dirección de escena: María Concepción Perre y María de la Paz Perre.

Diseño escenográfico: María José Besozzi.

Diseño de vestuario: Stella Maris Müller.

Coreografía: María Colusi.

Diseño lumínico: Gabriel Lorenti.

Reparto:

- Eiko Senda (Aida),

- Gustavo López Manzitti (Radamés),

- Guadalupe Barrientos (Amneris),

- Leonardo López Linares (Amonasro),

- Hernán Iturralde (Ramfis),

- Emilio Bulacios (Faraón),

- Raúl Iriarte (Mensajero) y

- María del Rocío Giordano (Sacerdotisa).

Ballet y Orquesta Estable del Teatro Argentino.

Coro Estable del Teatro Argentino dirigido por Santiago Cano.

Sala: Ginastera, del Teatro Argentino de La Plata



La reapertura de la Sala Ginastera ofreció esta gran producción lírica con la participación de los tres cuerpos estables, Orquesta Coro y Ballet. Una producción desarrollada en los talleres propios y que involucró a más de 220 personas.

 

La célebre ópera fue estrenada en El Cairo en 1871 para conmemorar la apertura del canal de Suez. Narra un triángulo amoroso entre Aída, princesa etíope capturada; Radamés, un jefe militar egipcio y Amneris, la hija del faraón, cuya atracción por el guerrero no es correspondida.

 

CONTRASTE Y EQUILIBRIO

Presenciamos escenas impactantes, la imponencia que acompaña a la partitura. Arias, dúos, tríos y coros memorables. Aída constituya una síntesis entre la expresividad sonora y las alternativas psicológicas. La dimensión coral, los cantos de guerra, las citas de los temas de la libertad nacional, remiten a la época de Nabucco y Los lombardos. Verdi era un artista e intelectual del Resurgimiento. A su vez, la trama amorosa de los protagonistas alcanza una fina sensibilidad. Escuchamos la armonía de los elementos estructurales, el contraste y el equilibrio entre los personajes y el coro.

 

Al promediar la primera parte del espectáculo, la impresión global estaba consumada. Apreciamos una versión de relieve donde el mensaje verdiano fue puesto en valor artístico y humano. A la obertura ovacionada prosiguió el desafío del aria Celeste Aída. En la sala expectante se proyectó la viril vocalidad del tenor Gustavo López Manzitti, un neto vencedor. De inmediato, el planteo del terceto amoroso, con sus contrariedades y la turbulencia interior de los personajes. Esos perfiles en conflicto sentimental y social fueron la antesala del coro y la orquesta en la plenitud expansiva. Las voces a cargo de Santiago Cano colmaron el ámbito. Una pauta de los méritos residió en la batuta de Carlos Vieu, al implementar dinámica y matices con los tempi apropiados, logrando la consonancia entre el foso y la escena. Las trompetas brillaron en la famosa Marcha Triunfal. La riqueza de la paleta sonora permitió el lucimiento posterior de la flauta, el oboe y el clarinete en sus pasajes obligados. Las cuerdas, salvando un desvío inicial, elevaron su esplendor hasta apianarse en la delicadeza de la despedida.

 

SUTILEZAS CANORAS

Verdi afirma los principios de una nobleza humana conciente de sus derechos. Los dos protagonistas rescatan la libertad de sus sentimientos. La afinada soprano Eiko Senda, sobresalió interpretando a la princesa etíope. Finalmente llegaría un dúo breve, vaporoso, un adiós a la vida.

 

Mientras Amneris desespera, el canto de la pareja en los roles de Aída y Radamés, evidenció un afiatamiento en su filigrana. Entre la sensibilidad de la soprano y el tenor se escucharon con nitidez sus sutilezas, los pianísimos, el fiato. Son Las esfumaturas requeridas por Verdi para la ocasión. Por su parte, Guadalupe Barrientos. entonó el convincente despliegue de su Amneris. Al cabo, la hija del Faraón maldice a la casta sacerdotal “sedienta de sangre”. Y al caer por las escaleras, la intérprete pareció anticipar un rasgo verista que será herencia verdiana.

 

Antes hubo un golpe de escena eficaz. Fue cuando el rey etíope Amonasro amonesta a su hija, ya que Aída está enamorada de un enemigo. Allí el dotado barítono Leonardo López Linares asumió el gesto melodramático. No debe olvidarse que Verdi apreciaba esos acentos en la actuación.

Hernán Iturralde cantó con reconocida autoridad el rol de Ramfis, el sumo sacerdote.

 

MONUMENTAL E INTIMISTA

La presencia femenina en el equipo escénico fue preponderante. Pilares del éxito fueron las hermanas Perre en la dirección, María José Besozzi, (cuya escenografía dió lugar a los movimientos del ballet de María Colusi), Stella Maris Müller en el vestuario y Gabriel Lorenti en el diseño lumínico.

 

En la puesta en escena alternaron espacios intimistas y monumentales, donde resaltan los conflictos humanos bajo el Imperio del Faraón. Están vigentes los temas del amor, el poder y la libertad. Se destacaron los vínculos y los impulsos de los personajes. El deseo, la represión, los sentimientos.

 

El espacio escénico con la escalera a lo largo, simbólica y funcional, se compensa por la verticalidad de las columnas. Permite las posiciones y el desplazamiento masivo de los coros, las jerarquías. Arriba y abajo. Un telón ocre semeja la imagen de las tablillas de los jeroglíficos, y suele dividir el escenario. Adelante y atrás. Los pasajes de los personajes en primer plano y de perfil evoca la iconografía egipcia. Concuerdan el vestuario y la coreografía por su sobriedad estilística. Los toques azules y turquesas del atrezzo resaltan el teatro-danza del ballet. La imagen dramática de la última escena se logra con economía de recursos. Haces de luz rasante crean espacios y profundidad. Sugieren iluminación externa mientras la cripta se cierra sobre Radamés.

 

En suma, el plantel artístico y técnico ofreció una versión de Aída que restituye la presencia y el brillo al Teatro Argentino.

 

OSVALDO ANDREOLI

 

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