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La Orquesta de Cleveland en el Carnegie Hall

 

Orquesta de Cleveland
Director: Franz Wesler-Möst
Solista: Yefim Bronfman, piano
Carnrghie Hall, Nueva York,4 de octubre

Programa:
Trauermarsch, (2014) de Jörg Widmann (1973).
Sinfonía nro. 5, en do sostenido menor (1901-1902) de Gustav Mahler (1860-1911) 


El maestro Franz Wesler Möost –vinculado estrechamente a la Orquesta Filarmónica de Viena- cumple, durante esta temporada, dieciocho años como titular de la Orquesta de Cleveland, uno de los organismos musicales más importantes de los Estados Unidos. Durante su ciclo como director ha innovado en el repertorio y combinado el clásico con el más moderno.


Jörg Widman, clarinetista, compositor y docente lleva ya una extensa obra, su Concierto para flauta, por ejemplo, fue estrenado por la Orquesta de Cleveland en 2011. La Treuermarsch, o Marcha fúnebre fue estrenada en 2014 por la Orquesta Filarmónica de Berlín, con Yefin Bronfman como solista.


Se trata de una obra de veinticinco minutos de duración, que comienza con la exposición, en tiempo de 4/4, de un sencillo material en el piano: pocas notas sencillas y destacadas que sugieren lágrimas o un latido. Forman una base rítmica que atraviesa toda la obra en la cual este elemento se despliega en distintas texturas y densidades.


Las intervenciones de maderas y metales surgen y desaparecen, ajenas a la célula inicial, como si no fuera posible ninguna clase de vínculo y las intervenciones sonoras surgen sólo para desaparecer. Se genera un sentimiento de inestabilidad y angustia donde no hay nada que permanezca. Lo único estable es el pulso de la obra siempre implícito, en un paisaje donde todo lo demás sugiere la inestabilidad. Los desarrollos en los cuales los instrumentos exponen ya una fanfarria, como los trombones, o aullidos, como los cornos, van declinando hasta retornar al material inicial.


El pianista ruso americano Yefin Bronfman tocó por primera vez con la orquesta de Cleveland en 1986 y desde entonces se ha presentado regularmente con el organismo. Si algo puede afirmarse de él en orden a esta presentación fue que el requerimiento estuvo dado en la precisión del pulso y en las distintas progresiones de la obra.


Tras un intermedio luego de la breve primera parte fue interpretada la Sinfonía nro. 5, de Gustav Mahler, que marca un cambio en la estética del compositor.


En lo que se refiere a las cuestiones interpretativas la demanda involucra a aspectos muy diferentes y de una índole nueva. Por mencionar algunos, al fraseo requerido –por ejemplo en la intervención inicial de la trompeta- es de relieve, de manejo en la duración de las notas y su final dando a la vez una sensación de caída y de continuidad, como si se tratara de una improvisación dirigida. Otra particularidad es el armado de pasajes con aportes de las maderas, con frases breves, tomadas de intervenciones anteriores, el rápido pasaje de un clima de tensión a otros de distensión en las cuerdas, o la acentuación de pasajes que aunque pertenezcan a una marcha no dejan de tener carácter danzante.


Luego de tan bello como elaborado segundo movimiento (Stürmisch bewegt, Mit gröober) de gran riqueza temática, rigor contrapuntístico y desusadas dimensiones, el Scherzo: Kräftig, nicht zu schnell presentó en esta versión la particularidad de que el solista de corno (Nataniel Silberschlag) interpretó sus pasajes desde la primera fila de la orquesta: esta innovación destacó mucho más tanto la belleza de los pasajes asignados al instrumento –que constituyen el centro de gravedad del desarrollo de toda la orquesta-, como el modo en que se imbrica su sonido con los demás y el resto de la orquesta, en esa melodía grácil en pie ternario que vertebra el movimiento. Realmente un manejo muy elaborado entre distintas secciones, la cuerda y el paisaje siempre cambiante de las maderas, con toques como pinceladas en una superposición temática entre el elemento inicial y la cuerda, que lo presenta variado.


El pasaje de corno, que enuncia e introduce delicadamente, en una bellísima melodía, la sensación de final, seguido del pizzicato de las cuerdas y una suerte de reelaboración, es uno de los momentos más entrañables de la sinfonía.


En una compleja y extensa elaboración el tema es tomado parcialmente por las distintas secciones y el movimiento concluye con la exposición del corno solista a la que son intercaladas las de distintas secciones, concluyendo con un tutti orquestal.


Mahler insistió en hacer una pausa extensa entre este movimiento y el Adagietto, que, reservado a la cuerda, divide temática y emotivamente la sinfonía.


Lejos de los planteos formalmente complejos de los movimientos anteriores, se trata de una motivo tomado del lied Ich bin der Welt abhanden gekommen sobre un poema de Rüuckert. Si algo se puede objetar es el volumen, acaso algo alto del enunciado de la primera parte del motivo. El movimiento es uno de los más bellos no sólo de la obra de Mahler sino de toda la música.


El movimiento final Rondo-finale – Allegro – allegro giocosso – Frisch sigue sin solución de continuidad, desplegando su material a partir de la melodía Lob des hohen Versandes, del ciclo Des Kaiben Wunderhorn. Se produce tanto una recapitulación del material anterior como variaciones sobre el tema del Adagietto.
La interpretación de la Orquesta de Cleveland, uno de los organismos más importantes del mundo, se caracterizó la flexibilidad del discurso musical dado en un marcado tempo rubato, en la plenitud de su sonido, audible en cada sección aun en los tutti, lo que habla de su balance.


Hubiera sido muy interesante escucharla en alguna de las obras más significativas y enjundiosas para piano y orquesta.


Eduardo Balestena