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Con Xavier Inchausti y la Orquesta Sinfónica Nacional en su nueva sede

 


Una atractiva experiencia musical



La Ballena Azul

Viernes 13 de Junio de 2015

 

Escribe: Andrés Hine

 

 

Programa:

- Jan Sibelius: "Concierto para violín y orquesta" en Re menor, Opus 47

- Richard Strauss: "Sinfonía Alpina", Op. 64

 

Solista en Violin: Xavier Inchausti

Orquesta Sinfónica Nacional

Director Invitado: Günter Neuhold

 

 

Con todas las incógnitas nacientes de enfrentarse con algo nuevo, este crítico asistió por primera vez a la flamante sala de conciertos apodada "La Ballena Azul". Diseñada con las más modernas técnicas acústicas y los conocimientos derivados de la construcción de otras salas recientes de similar estilo, las expectativas de participar de una experiencia especial eran altas .

 

La velada comenzó con el "Concierto para violín y orquesta" en Re menor de Jan Sibelius. La versión original de esta obra en tres movimientos fué estrenada en Helsinki en 1904 por Victor Nováček, que era principalmente un pedagogo y no un solista. Tuvo apenas unos dias de ensayo y unido a la gran dificultad de la partitura, ésto aseguró que el estreno no haya sido un gran éxito. Sibelius no la publicó, pero hizo varias modificaciones y recortes hasta llegar a la versión que hoy conocemos. Xavier Inchausti ofreció una excelente interpretación del concierto, en busca de una sonoridad sofisticada y una estética refinada demostrando un dominio absoluto de su instrumento. Acoplado a una ductilidad en el fraseo y brillante fluidez, mostró no sólo un sonido trabajado sino que también exhibió un profundo conocimiento de la obra.

 

Tras los entusiastas y numerosos aplausos del público, Inchausti interpretó con soltura y dinamismo otra obra de gran dificultad técnica, la Sonata para violín solo, Op. 27 No. 3 en Re Menor, de Eugène Ysaÿe, dedicada a Georges Enescu.

 

La segunda parte estuvo constituida por la "Sinfonía Alpina" Op. 64 de Richard Strauss. Aunque su autor la tituló sinfonía, es más un poema sinfónico en cuanto a su forma, que consiste en 22 secciones continuas describiendo unas once horas transcurridas desde el amanecer hasta el crepúsculo, escalando una montaña en los Alpes. Para esta interpretación la orquesta fue reforzada con instrumentos adicionales hasta llegar a poco más de 110 músicos en la sala, algunos más en una orquesta interna (la partitura original pide alrededor de 123) y una 'maquina de viento', instrumento que hace muchos años no se escucha. Bajo la certera batuta del maestro Neuhold, la orquesta sonó ajustada y precisa.

 

Fué con esta obra que se notaron más las diferencias acústicas con el Auditorio de Belgrano, la sala normalmente usada por la orquesta. En varios pasajes los bronces sonaron más estridentes que de costumbre. El fondo de la sala, inmediatamente detrás de estos instrumentos, es una muralla de granito en forma semiparabólica, lo que causa que estos sonidos se proyecten con más intensidad de lo que lo hacían los paneles de madera utilizados en Belgrano. Algún artificio que ayude a dispersar y absorber parcialmente las ondas reflejadas podría mejorar el porcentaje de sonido directo en su distribución. También se tiene la impresión que, debido a la falta de una caja acústica, el director no escucha, desde el punto de vista de los instrumentos individuales, lo mismo que el público. Ahora que la orquesta tiene una sede permanente de alto nivel, no cabe duda que se adaptará a las nuevas condiciones, al mismo tiempo que pequeñas modificaciones en la sala, como variar la altura de los paneles acústicos del techo y algún cortinado, harán un éxito de esta nueva combinación de orquesta y sala.