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Ultimo título de la temporada del Colón

 

 

"BUTTERFLY", SIN EMOCION Y SIN VOCES

 

Teatro Colón

Martes 25 de Noviembre de 2014

 

Escribe: Carlos Ernesto Ure

 

 

 

“Madama Butterfly”, ópera em tres actos, con libro de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, y música de Giacomo Puccini.

Con Liana Aleksanyan, James Valenti, Guadalupe Barrientos, Igor Golovatenko Sergio Spina, Mario De Salvo, Fernando Grassi y Fernando Radó.

Iluminación, escenografía, vestuario y “régie” de Hugo De Ana.

Coro (Miguel Martínez) y Orquesta Estables del Teatro Colón (Ira Levin).

 

A diferencia de lo que acontece en tantas otras de sus representaciones, es probable que nadie haya llorado con esta “Butterfly”. Puede pensarse también que el segundo elenco (de artistas líricos argentinos) está capacitado para alcanzar mejor nivel vocal y suscitar emociones más penetrantes. Porque lo cierto es que la nueva versión del “capolavoro” pucciniano, con la que el Colón clausuró el martes su temporada oficial, resultó en definitiva decepcionante, ya sea en su relieve musical como en su costado teatral.


Hugo De Ana
Consagrado en el ámbito internacional desde hace muchos años, debe decirse que la labor de nuestro compatriota Hugo De Ana, autor integral de esta nueva producción, sorprendió por su recurrente falta de buen gusto (las mariposas, los guerreros ninja, el atuendo de Yamadori, la sucesión de imágenes recargadas y pueriles del “intermezzo” y el tercer acto, la incomprensible tentativa homicida de Suzuki, el degüello de Butterfly). La arquitectura escénica, centralizada en tres cubos despojados, tampoco pareció lograda, porque si bien el diseño se vio liviano, complicó mucho los movimientos en el acto inicial y como consecuencia de su uso maleable, desdibujó (y aun confundió) el contexto dramático en los siguientes.     


En lo que hace a los aspectos musicales, corresponde ponderar en primer término al Coro Estable, organismo preparado por su titular, Miguel Fabián Martínez, que volvió a exponer precisión y muy bella sonoridad.            
Los cantantes                                                                                        
La Orquesta del Colón, que al inicio de la función exhibió nuevamente pancartas de protesta aduciendo una situación de maltrato, puso en cambio en evidencia desgano y desprolijidades. La traducción de Ira Levin, falta de tensión y de pasión, de esos acuciantes contrapuntos rítmicos ínsitos en la médula misma de la creación de Puccini, se caracterizó además por su    superficialidad y su fraseo lavado.


En el palco escénico las cosas no fueron muy diferentes. El tenor estadounidense James Valenti (Pinkerton) mostró registro terso pero en muchos pasajes engolado y “calante”; de la soprano armenia Liana Aleksanyan (protagonista), de centro blando y graves virtualmente inexistentes, reemplazante de último momento de Patricia Racette, lo único que se puede decir es que no justificó para nada su contratación.


En cuanto al joven barítono ruso Igor Golovatenko (Sharpless), cabe señalar que se desempeñó con corrección, sin ir mucho más allá (su metal carece de la pastosidad y el volumen adecuados al personaje). Mario De Salvo (Comisario Imperial) acreditó por su lado timbre recio, y la mezzo Guadalupe Barrientos (Suzuki), con su canto parejo, entero, acabadamente modelado, fue tal vez la única intérprete que alcanzó a trasmitir cabalmente las vivencias de la tragedia de Nagasaki.

 


                                                                                    Carlos Ernesto Ure

 

 

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Foto: Arnaldo Colombaroli

 

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Foto: Arnaldo Colombaroli

 

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Foto: Arnaldo Colombaroli

 

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Foto: Máximo Parpagnoli