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En el Colón, en la temporada del Mozarteum

Un recital inolvidable

 

Teatro Colón

Miércoles 20 de Agosto de 2014

 

Escribe: Carlos Ernesto Ure

 

 

 

 

 

Intérpretes: Joyce DiDonato (mezzosoprano) y David Zobel (piano)
Programa:


FRANZ JOSEPH HAYDN

Ariadna en Naxos, Hob. XXVI b:2: Recitativo “Teseo mio ben, dove sei?”; Aria “Dove sei, mio bel tesoro?”; Recitativo “Ma, a chi parlo?” Aria cantábile “Ah che morir vorrei in si fatal momento”

JOHANN ADOLPH HASSE

“Morte col fiero aspetto” de la serenata Marc´Antonio & Cleopatra

GEORG FRIEDRICH HÄNDEL

“E pur cosi in un giorno…Piangerò la sorte mia” de la ópera Giulio Cesare in Egitto

 

“Dopo notte, atra e funesta” de la ópera Ariodante

VINCENZO BELLINI

“Dopo l´oscuro nembo” de la ópera Adelson e Salvini

GIOACHINO ROSSINI 

Beltà crudele

 

La  danza

FRANCESCO SANTOLIQUIDO

I canti della sera

GIOACHINO ROSSINI

“Nacqui all´affanno… Non piú mesta” de la ópera La Cenerentola

 

Organiza: Mozarteum Argentino
Sala: Teatro Colón

 

En su segunda aparición en nuestro medio (la anterior fue en 2012), Joyce DiDonato se presentó otra vez en el Colón, nuevamente para el Mozarteum Argentino, y su actuación volvió a constituir un acontecimiento de sobresaliente jerarquía. Es que a los cuarenta y cinco años, la gran mezzo de Kansas, además de mostrar cualidades de espontánea simpatía en sus informales parlamentos explicativos, se encuentra tal vez en la plenitud técnico-expresiva de sus medios canoros, y ha logrado además una madurez interpretativa propia de aquellos artistas de importante rango cultural.


Flexibilidad y consistencia


Acompañada por el pulcro y seguro pianista francés David Zobel, instrumentista de impecables acentuaciones y efectos cromáticos, cabe afirmar que el recital, variado en su reperto-rio, mantuvo en todo momento un nivel de encumbrada belleza. La privilegiada voz de nuestra visitante, en efecto, lució completo control, prodigiosa facilidad para el manejo de las intensida-des y un color opaco, de seductor esmalte, absolutamente homogéneo. Todo ello sumado a una emisión ejemplarmente franca y a una amplia tesitura (más de dos octavas), en la que transitó siempre con ostensible comodidad, hicieron que esta velada, digna de ser recordada, se convirtie-ra en una ilustrativa cátedra de canto.

 

Ya en el comienzo, una composición con pasajes de excesiva languidez ("Ariadna en Naxos", de Haydn), permitió que la mediosoprano estadounidense revelara una línea estilística de primer orden, a lo que añadió estimable potencia, perfecta colocación y un acabado modelado de todas y cada una de sus notas (los recitativos revistieron inusual calidad dramática).


Luego, en su ingreso en el barroco (Hasse y Haendel), desplegó una coloratura baja verdaderamente magistral por su pureza y ausencia de fatiga (estos pasajes cansan muchísimo más que los relucientes del sector central y el agudo), pero además de ello, acreditó excelente agilidad y vibrante cadencia rítmica. Un fiato de remarcable escuela, exquisitas inflexiones y una suerte de notable desmenuzamiento silábico (siempre en un marco expositivo global), fueron otras de las cualidades que Joyce DiDonato exhibió también en este segmento.

 


Bellini y Rossini

 

En la segunda parte la velada tomó otro giro, sin descender para nada de su altura. Además de abarcar una serie de nostálgicas canciones de cámara de Francesco Santolìquido (1883-1971, autor de Campania), agradables, un tanto sensibleras, la mezzo norteamericana en-caró una página de Bellini (de "Adelson e Salvini") con un fraseo belcantista de óptima categoría y sensibilidad, pletórico de sentimiento, gradaciones de sorprendente maleabilidad y fiorituras de distinguidas tonalidades y matices.


Aparte de ello, en la célebre tarantela de Rossini ("La danza", "La regatta veneziana", "La boutique fantasque"), su deslizamiento por los arabescos más veloces corrió paralelo con la gracia de los portamentos y la esplendidez de la articulación, de una claridad superlativa. El arduo rondó final de "La Cenerentola", con la incorporación de complicadas cadencias, remató la jornada a través de una traducción decididamente magnífica por donde se la mire. Sonido redondo, armoniosa melodiosidad, natural disposición para los saltos interválicos extremos, se complementaron (al igual que en toda la noche) con el desenvolvimiento de una sintaxis dinámica de perfecta tensión y musicalidad, tanto en lo que concierne a cada frase como en lo que hace al contexto integral de cada pieza. No parece superfluo agregar que Joyce DiDonato es una artista de muy buen gusto y refinadas líneas estéticas.

 

Carlos Ernesto Ure